En la noche sentirás miedo, cantaban Los Estómagos en 1986 en medio de una agitada escena musical montevideana, que emergía con fuerza a la salida de la última dictadura cívico-militar. Con aires irreverentes, y en conexión directa con las músicas que provenían de Europa y los Estados Unidos, Los Estómagos fueron voz, junto a otras bandas de esa generación, constituyéndose en referentes de ese momento particular de nuestra historia cultural.

La referencia a la noche tiene un eco especial en el momento actual que atravesamos como sociedad. La noche representa un halo de incertidumbre, pero es también la esperanza de un amanecer inminente. Esta percepción - desequilibrio es recogida por una selección de artistas montevideanos/as que imaginan y componen posibles narrativas de un momento complejo de nuestra historia contemporánea.

Pedro Dalton

Pedro Dalton

Montevideo, 1967

Bocetos, 1985
dibujo
lápiz sobre papel, medidas diversas

Web del artista

Pedro Dalton vivió su adolescencia siendo integrante de una generación que fue parte activa de la escena del rock uruguayo, en la salida de la última dictadura cívico-militar. Su serie de bocetos y dibujos, preparatorios de lo que luego conformaría la tapa del mítico álbum de Los Estomagos “tango que me hiciste mal”, enseñan las búsquedas de un joven inquieto y los devenires de la creación artística atravesada por el impulso irracional del rock, la juventud y los consejos de sus encuentros con quien fuera su temprano maestro, Nelson Ramos. La imagen del malevo condensa la frustración de una generación que salió a construir su historia sin perjuicio de lo que vendría. En la secuencia de imágenes, escaneadas del propio archivo de Dalton, vemos la evolución hacia una imagen compuesta por una sola línea. Cómo sintetizar la figura al máximo y transformarla en una declaración de principios que hizo del disco de Los Estómagos una pieza ineludible de la cultura Uruguaya.

Jill Mulleady

Montevideo, 1980

Interior, 2019
pintura
óleo sobre lienzo. 168 x 152 cm (panel izquierdo). 168 x 120 cm (panel derecho).

Web del artista

Existen un sinfín de interpretaciones para desentramar las historias que, en simultáneo, parecen sucederse en la pintura de Jill Mulleady. Una pintura que resulta intrigante y que va más allá del simbolismo sombrío que la envuelve. En conexión directa con la pintura figurativa alemana de principios de siglo 20, y sus sucesivas reencarnaciones (ver en especial el trabajo de la artista mexicana Leonora Carrington), Jill construye, con particular estilo, un arco temporal en el que nos imagina y retrata a través de distintas rutinas. Es en un espacio interior y doméstico, recurrente en la pintura clásica, especialmente en la europea, en el que despliega una escena plagada de simbolismos. Una experiencia visual en clave figurativa. Los movimientos sugeridos por los personajes mientras se preparan para salir a la noche, su desdoblamiento y la coreografía que se genera en el centro de la pintura, hacen que la cotidianeidad sea el tópico central. Ninguno de sus personajes está haciendo nada trascendental. Nadie resucita, más bien es todo lo contrario.

NOCTURNXS
JEANNETTE SAUKSTELISKIS

Un descenso. Las pupilas dilatadas. Silencio. Cortinas grasientas resguardan una oscuridad vacía que deja a la calle por su cuenta. Sola. Cada baldosa importa. Tarde o temprano nuestra nuca cederá. El humo blanco, la brasa. Los hogares tintineando una disfuncionalidad ámbar mientras, en alguna parte, un volcán erupciona.

El tránsito está muerto. Cada tanto un ómnibus lento y vacío ante el que me atravieso y ensayo un suicidio. La sombra completa. La pesadilla y su auxilio imploran a los árboles de copas lechosas. Colgarse, cortarse, dispararse. La cola para drogarse. El espejo dorado, el rouge. El plástico, las llaves, las encías y las lenguas. El agua bendita privada de sus milagros. El dibujante solo en su mesa. La canción es nítida y gira lento. El poeta con su llama. El joven, hoy, sin su noche.

Las esquinas en ruinas y las grúas dormidas. El container. Zambullirse, patearlo, quemarlo. El sereno mueve el dial. Los cuerpos apretados en el ascensor. Caricias. El traje oscuro, los escotes, gorros y bufandas. La mirada desquiciada y alguna verdad remota. La duda. Una contraseña húmeda que abre cualquier puerta. La niña del rock parte un vaso y ladra. El músico está herido. El hielo quema.

La operación fue un éxito, pero el paciente murió. El único plano posible del paciente es con su almohada. Morirá sola y será de madrugada. O tomada de una mano. El foco en un punto, la mirada en el pasado. Un soliloquio desamparado. Llegar a la última página del último libro. Las visitas siempre llegan de a dos. La madre silenciosa que todo lo mira y todo lo oye.

La agenda alterada, el teléfono quebrado, la cartera perdida. Las deudas. Las macetas cuelgan y amenazan. Las motos gritan y el helicóptero distrae. Alguien se va. La despedida es constante. El mozo cubano, el pizzero retirado, el periodista joven que para siempre se fue en primavera. Somos espectros, larvas y microbios doblados de dolor. Las canciones tristes nunca duermen.

Las luces del crucero. Un horizonte de boyas. Son pocos los aviones reflejados en la mirada. No queda oscuridad atravesada por cabinas presurizadas y glamorosas. El padre solía tirar la cabeza hacia atrás después de mirar su reloj. Acertaba los vuelos sin soltar la mano de la hija en cualquier parque un domingo.

Ella llora sobre una pared mientras espera. Otros ojos desquiciados le piden a él mientras lo arrastran fuera del pasillo. Todo es posible. El lienzo es blanco y ellos, dos oscuras siluetas. El contacto frenético, casi falso. Abrazos viscosos. Besos. Un calor violento. Un balanceo rígido. El helicóptero distrae otra vez. Irrumpe el castigo. Entonces, él vuelve. El auto arranca. Después de la confesión, silencio.

El artista atraviesa la multitud. Saluda, firma y recibe. Es normal que, al final, pierda su compañía de sonrisa ya esguinzada, queriendo huir. Al fin la calle, la fuente, la risa corriente. El tiempo que descansa mientras transcurre. Pararse en cualquier esquina, asistir a una pelea, interrumpirla, correr, soñar, mirar estrellas, aullar fuegos artificiales.

"La operación fue un éxito, pero el paciente murió" es un dicho popular que aparece en la película La notte de Michelangelo Antonioni
“Las canciones tristes nunca duermen” es un verso de la canción Oxxo de Amigovio, el proyecto solista de Flavio Lira

Jeannette Sauksteliskis. Montevideo, 1970.

Mathías Chumino

Montevideo, 1982

Hermafrodita, 2020
video HD
1´40´´

Web del artista

El trabajo de Mathías Chumino sintetiza y condensa un sin fin de referencias que van desde la literatura, la música y las artes visuales hasta los lenguajes digitales. Obtiene de la animación digital un caudal de expresividad que nos propone conectar con nuestras experiencias cinematográficas más profundas. Fiel a un estilo oscuro que lo caracteriza en sus producciones visuales tanto como en sus proyectos musicales (Clovvder), su obra nos propone transitar las profundidades y reconocernos en un ejercicio que transita el espíritu romántico en su costado más sombrío. Hermafrodita fue propuesta inicialmente para un entorno de realidad virtual, para luego transformarse en un video. Mathias construye un entorno donde conviven elementos y referencias a distintas épocas y lugares. Para lograrlo combina técnicas de animación y postproducción que van desde la programación y modelado hasta el escaneo 3D de una escultura clásica. A su vez, diseña un paisaje de sonido generativo a partir de grabaciones de Montevideo y París que él mismo realizó. En referencia directa al Canto Segundo (7) de Los Cantos de Maldoror, Mathias genera un entorno de carácter onírico y nos revela una escultura de una extraña sensibilidad barroca. Hermafrodita construye un vínculo con el más oscuro de los montevideanos, donde la poesía se desdobla en el mundo virtual al que Chumino gusta de llamar un anacronismo mágico. Un mundo que se rompe en pedazos y se vuelve a construir.

"Là, dans un bosquet entouré de fleurs, dort l’hermaphrodite, profondément assoupi sur le gazon, mouillé de ses pleurs. La lune a dégagé son disque de la masse des nuages, et caresse avec ses pâles rayons cette douce figure d’adolescent. Ses traits expriment l’énergie la plus virile, en même temps que la grâce d’une vierge céleste." (Comte de Lautréamont, Les Chants de Maldoror, 1869, p. 140-141)

Sylvia Meyer

Montevideo

Cantar en la Oscuridad, 1982
Cantar en la Oscuridad, 2´36
Letra: Carlos Maggi



La obra de Sylvia Meyer puede ser considerada como uno de los secretos mejores guardados del Uruguay. Su trabajo suele aparecer a la sombra de muchos, tal vez porque gran parte de sus discos están descatalogados y no se consiguen online. Su obra transita entre las músicas populares, la música experimental y la canción autoral. Desde los años 80, Meyer ha construido un cuerpo de trabajo sólido y personal, tan inclasificable como imprevisible.

.../Si la vida duele su soledad /Para espantar la negrura: /Cantar en la oscuridad/...

Cantar en la Oscuridad es su primer disco y también el nombre del tema musical que da nombre al LP. La portada del álbum, es autoría del artista visual Marco Maggi. La letra es de Carlos Maggi, padre de Marco. Música y poesía se funden tras la excepcional voz de Meyer mientras el sonido de la púa en el surco del vinilo termina por componer una banda de sonido que remite al tiempo; el del disco, su uso y materialidad. Sylvia Meyer y Marco Maggi han construido, desde hace más de treinta años, uno de los ejemplos más vitales de arte/vida.

UNA NOCHE ES UNA NOCHE
GABRIEL PEVERONI


Algo sucedió. Casi imperceptible. Es algo relativo al tiempo. Se disolvió el presente. Creímos que el siglo XXI había sido inaugurado por un atentado en setiembre de 2001. Que ese atentado, en el centro del mundo, nos había hecho recobrar el sentido y que lo que se había roto además de las Torres Gemelas era el axioma posmoderno del fin de la historia. Todo lo contrario. Se aceleró. Se dislocó. Atrás, muy atrás, quedaba la noción de postpunk como último episodio de una modernidad nihilista y suicida. En el mismo momento en que Ian Curtis de Joy Division acabó con su vida se clausuró la sensación de futuro, de nostalgia progresista. Desde hace mucho tiempo que no se puede avanzar. Porque adelante no hay otra cosa que un abismo. Tampoco se puede retroceder. Nos metimos en un tiempo denso, entre algoritmos y virus, con una única puerta de salida al laberinto: identidades virtuales, cuerpos cyborg, retromanía, todes al servicio de una inteligencia artificial que nos controla y nos maneja el deseo siempre insatisfecho. Es un tiempo hermoso. De perdedores hermosos. Vamos perdiendo la memoria. Seguimos perdiendo el sentido. Anestesiados. Poco a poco ha desaparecido la posibilidad de ficción. Las escrituras se tensan en una multitud de autoficciones que salen a buscar una verdad desesperada y encuentran hastío y desesperanza. Pantallas, streaming, redes sociales, toxicidad, basura, avatares, es casi imposible controlar cada una de las adicciones contemporáneas. Ahora, en este nuevo punto de inflexión, en esta nueva noche que inauguró el virus que vino de Wuhan, en este terrible comienzo de un siglo XXI, le toca el turno a la ciencia ficción. Este es posiblemente el último episodio de una multitud de relatos que se aproximaron a algo que se volvió denso y que se parece demasiado a una película de David Lynch con zombies que entregan el lenguaje a cambio del confort. Algo se atascó definitivamente en el tiempo. Algo sucedió. Casi imperceptible. Vuelvo en ocasiones a escuchar a Los Estómagos, porque forman parte de mi memoria, de mi identidad, porque son la mejor traducción de Joy Division, de una utopía postpunk a la uruguaya. Es casi inexplicable que ellos, y también sucede algo similar con Los Traidores, hayan construido un manojo de canciones que siguen estando en presente. Se los puede explicar mejor Mark Fischer, a quien le tocó escribir una serie de ensayos fascinantes sobre la sensación de presente dislocado en Joy Division y otras bandas synthpop. También se los puede explicar Carlos Marx. O David Bowie. En el agotamiento de la ficción no hay tampoco lugar para la no ficción. Es un estado cero. Ya no se habla de atentados ni de guerras. La noción de accidente se aproxima mejor a lo que estamos viviendo. No hay retorno. Hay virus. Aislados. Rotos. Dislocados. Hay neoliberalismo salvaje. Desbocado. Alguien escribe desde Roma, marzo de 2020. Una amiga que no veo desde hace mil años y que me advirtió del accidente unos días antes que la pesadilla comenzara en nuestra ciudad: “Cerraron parques, villas, cerraron los árboles, el pasto, y nos encerraron totalmente en casa, y yo me tomo de todo por tratar de estar tranquilita, pero no lo logro muy bien. Nunca fui tranquila. Y no mejoré. Detesto este confinamiento. Y estoy tan furiosa que no logro decirme “dale, lee, escribí, aprovechá, creá, pensá”. Nada de todo eso. Estoy más bien en la posición del toro cuando mira el trapo rojo. Pero el animal que hay en mí se está rebelando furiosamente, y el humano que hay en mí no logra tomar el control. Así que estoy en esta lucha. Me gustaría saber si la semana que viene mi super-yo logra controlar a esta bestia que me tiene loca. Siempre, en la cabeza, hay que tener un lugar donde escaparse. En la mía queda Montevideo. Ni bien logre matar al toro”. No le contesto que Montevideo, también, agoniza. Hasta hace algún tiempo conservaba rastros del siglo XX. Siguen estando. En la noche. Pero hay que animarse a meterse en la noche. Hay que animarse a apagar todo. Desconectarse. Y moverse entre los bordes, donde todavía queda algo de tiempo para pelear contra los algoritmos y las pastillas para dormir. El siglo XXI es un gran accidente fractal. Una fractura. Un virus al que hay que perderle el miedo y tratarlo con descaro. No habrá utopía, pero nos queda la disidencia, el antivirus postpunk y la capacidad de desmontar los discursos hegemónicos. No hay utopía pero nos queda la posibilidad de hackear a la ficción de la no ficción. Nos quedan los cuerpos lastimados de tantas batallas virtuales. Nos queda la noche. Porque una noche es una noche es una noche y ahora que se termina la página escrita en times new roman cuerpo 12 sin interlineado entiendo claramente que en la noche más oscura, como diría el Darno, si me voy me perderé.

Gabriel Peveroni. Montevideo, 1969.

Analía-Sandleris

Analía Sandleris

Montevideo, 1958

Sín título, 2017
pintura
acrílico, lápiz y acuarela sobre tela, 165 x 270 cm.

La pintura de Analia Sandleris funciona como un enigma que atraviesa la nostalgia y logra construir desde el gesto de la artista un grupo de sensaciones que reflejan oscuridad. Ni la noche ni el día están presentes, parecería haber profundidad sugerida por la perspectiva central pero quizás puede ser un recurso formal para desviar la atención y no ver más allá del espacio. Figura y fondo se desvanecen a la luz de la potencia del gesto de la artista. De controlada violencia la pintura parece una invitación a conquistar el espacio que representa, a entenderlo y preguntarnos acerca de su condición material y simbólica. Mirar dentro o mirarnos dentro. La intriga, el miedo y el silencio de un espacio por habitar. La pintura es un lenguaje que se nutre de la obsesión de quien la practica, sus amores, ilusiones, tragedias y miserias. Sin título está en equilibrio, sus manchas y pinceladas dan cuenta de la huella que la artista ha decidido dejar de forma deliberada sobre el lienzo. Su trabajo está atravesado por lo particular de su experiencia. Al decir de María E Yuguero ¨Destrucción de la sensualidad femenina como la representación estética de la incertidumbre y la transformación de la existencia desde el lado negativo: lo tenebroso, lo horrendo, lo demoníaco. La transgresión y la muerte.¨

*Fragmentos del texto curatorial de la exposición "Analía Sandleris por María E. Yuguero. Julio de 2018.

Marcelo Vidal

Montevideo, 1973

Idolos, 2021,
filtro para Instagram y Facebook,
Realidad aumentada para Instagram y Facebook

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Marcelo Vidal QRSCANEA EL CÓDIGO QR CON EL CELULAR

VER FILTRO DE INSTAGRAM

El arte de los nuevos medios fue un término inventado en los años 90 para designar a aquellos artistas que utilizaban internet como un “lienzo” donde desarrollar su trabajo, para quienes la red era su materia prima. Marcelo Vidal ha desarrollado un cuerpo de obras que transitan entre el software y el hardware y en lo que podríamos denominar la construcción de experiencias. Con una fuerte impronta visual, utiliza imágenes, sonidos o audiovisuales producidos en tiempo real, que usualmente son difundidos en internet o proyectados sobre superficies irregulares (mapping), tanto en conciertos como en eventos de música electrónica. Su práctica atraviesa el mundo digital y se proyecta como una experiencia tangible y real.

Ídolos toma su título de un tema de Los Estómagos, pero también hace una referencia formal a las máscaras Aztecas, construidas en tres capas, que parecen abrirse y revelar una cara interior. En nuestra cultura, hay toda una línea de ideas y pensamientos que se asocian a la máscaras, desde la ritualística del pensamiento mágico al más terrenal de sus usos carnavalescos en fiestas y celebraciones populares.

El ídolo ha caído / Junto a su sombra / Triste desenlace, / Dura realidad * Fragmento de Ídolos, Los Estómagos del álbum Tango que me hiciste mal (1985)

Idolos es un filtro de video en tiempo real que funciona dentro de Instagram y Facebook. Marcelo dota de sentido artístico algo que no fue pensado para ello. La obra es una experiencia que se completa cuando alguien la activa: cuando alguien utiliza ese filtro y lo comparte en su historia de Instagram o Facebook. Lo que nosotros vemos es el registro, la selfie. ¿Hay una imagen más representativa de nuestro tiempo que la selfie?

Web del artista

Virginia Sosa

Virginia Sosa

Montevideo, 1982

Des-composición, 2021
deshilado y bordado
hilos del algodón sobre algodón,
27 x 65 cm

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El bordado es una técnica asociada históricamente a las mujeres y a las tareas domésticas. La recuperación de esta manualidad histórica, y su subsecuente incorporación al arte contemporáneo como medio, resulta central para el arte actual. Virginia Sosa logra un dominio técnico que le permite construir una imagen de peculiares cualidades. El uso de un bastidor clásico, rectangular, le permite obtener una imágen de proporciones alargadas, semejante a una viñeta. Su visión personal se ve realzada mediante una técnica que borda pero que a su vez deconstruye el tejido. Rompe la trama, la abre y deja expuesta su materialidad. La negación del color negro y la sustracción como estrategia, son combinadas con la emoción y el incidente gestual. El trabajo de Virginia y su proyecto Nuevo Reino transita por momentos la figuración más explícita para comunicar de manera directa un mensaje. Con su pieza creada especialmente para esta exposición, la artista se introduce en el lenguaje visual a través del textil, un sentir, un cuerpo de sensaciones e ideas atravesadas por un momento especialmente significativo. Bordar y cortar, abrir espacio para resignificar. Negro sobre negro: la imposibilidad de ver a primera vista. Debemos detenernos y tomarnos una pausa para lograr ver. El dibujo se transforma en puntada, y, puntada tras puntada, el ritmo evidencia el paso del tiempo. Una metáfora esencial para el momento que nos toca vivir.

Lila Tirando a Violeta

Montevideo, 1994

Maldoror (Limerencia), 2021
video HD
2´48´´

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Lila Tirando a Violeta es el proyecto solista de la artista, productora, DJ y vocalista Camila Domínguez. Lila es conocida por experimentar con diferentes estilos y géneros de música electrónica; sus trabajos transitan desde la música ambiental hasta la música de baile, pasando por el reggaeton y los estilos de música latina. Las producciones visuales no son ajenas a su trabajo, Lila construye una identidad visual que atraviesa toda su obra; diseño de sus portadas, videoclips, código de vestimenta, presentaciones en vivo. Es parte de una generación de artistas que desarrollaron su trabajo desde las posibilidades ofrecidas por internet y las herramientas digitales. Ha publicado más de 20 releases desde plataformas como Bandcamp y Soundtrack yha colaborado con una variedad de artistas de diferentes campos. Sus producciones son publicadas por sellos y sitios del mundo entero.

Maldoror es una alusión directa al libro Les Chants de Maldoror (Las canciones de Maldoror), una novela poética francesa o un largo poema en prosa, escrito y publicado entre 1868 y 1869 por el conde de Lautréamont, el seudónimo del escritor francés, nacido en Uruguay, Isidore Lucien Ducasse. La obra se refiere a Maldoror, una figura del mal que ha renunciado a la moral convencional. De contenido violento, absurdo y transgresor, la obra fue celebrada por los artistas surrealistas a principios del siglo XX. Lila hace una interpretación libre, a través de una composición de ritmos fuertes y melodìas hipnóticas. Su Maldoror es luminoso y lleno de vida, así como el mundo virtual que tantas veces construye en el reverso del mundo físico. Su avatar flota envuelta en un una corona de espinas de un material oscuro, reflejante y transparente a la vez. La obra cuenta con la colaboración del artista visual mexicano Gerardo Masacre.

Brian Ojeda

Brian Ojeda

San Lorenzo, 1990

Autorretrato con ansiedad N.9., 2019.
Fotografía digital y postproducción.
10000 x 10000 píxeles

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El trabajo de Brian Ojeda está influenciado por su práctica profesional como diseñador y fotógrafo, con una amplia trayectoria en editoriales de moda, especializado en tendencias. Dueño de un estilo personal, en el que busca los límites de un mundo que domina con certeza, su obra está cargada de simbología y reflexión sobre el género y en especial de su propia persona. Activista de los derechos de minorías y disidencias, Brian busca generar cuestionamientos y construir un relato directo al centro de los problemas que lo conmueven. En su obra Autorretrato con ansiedad N.9. el efecto y la repetición de su persona generando un conjunto, nos recuerda la acción de las artes vivas pero también el baile violento inventado por punks, una comunión de agresividad y contacto físico: el pogo. Esta danza, colectiva ileana de simbologías y referencias, está cargada de un espíritu rebelde y resulta inentendible para quien no disfruta de la música en su clave más veloz, distorsionada y fuerte. En conexión directa con una de las actividades nocturnas más extrañadas y prohibidas en tiempos de pandemia. El contacto físico con un/a extraño/a. Brian baila con sigo mismo *Dancing with myself y pelea contra sus demonios en un ritual de goce y sufrimiento simultáneo.

Vivianna Mazuco

Montevideo, 1985

Diálogo sin forma #39, 2021
Ilustración y animación
animador: jvy vazquez
sonido: William Messenger - track: Talking

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La ilustración y sus devenires digitales han compuesto una manera esencial de narrar el presente, ya sea a través de imágenes fijas, gifs animados, o por medio de en un sinfín de aplicaciones contemporáneas. En Diálogo Sin Forma #39 Vivianna Mazuco se pregunta acerca de nuestras transiciones. Abre interrogantes personales, que busca transformar en universales, y nos propone un ejercicio de sincretismo desde un relato de poderes extraños en el que confluyen estados y recuerdos. La escena es clara. Existen elementos que dan cuenta de una historia y de un paisaje lejano, de un devenir contemporáneo como metáfora de la incertidumbre, de un andar y atravesar como forma de relacionarse con este mundo. Una escena hipnótica de carácter alegórico, de gran simpleza, pero también de intrigante astucia. Sus ilustraciones nos invitan a pensar el momento en el que vivimos y a ser conscientes de las transformaciones que dependen de nuestras acciones. La ilustración y su devenir en animación digital propone un tránsito consciente hacia un medio que Morvener utiliza para construir un lenguaje propio de líneas y formas simples.

POESÍA
CRISTINA CABRAL

Devenir desigual

Yo que he amado la noche
hoy
me enfrento triste
a las estrellas,
la misma que ayer me embriagó
ahora me quema
   me duele
   me hiere
en su belleza.

Silencio
    profundidad
     abismo
     caos estelar,
siento perderme
en la vaguedad del insomnio
el mar helado
me penetra,
demoler día tras día
    las mismas barreras.
Cansancio de luchar
del correr incesante
del correr infinito
de no poder llegar,
de ver la vida cargada de sueños
partiendo en un tren estéril;
y todo huyendo
todo mudando
cambiando continuamente
en el caos estelar.
Para nosotros, los negros,
siempre la misma sed
el mismo hambre
la misma bofetada
    a través de generaciones
y generaciones.

Memoria & resistencia: antologia,
Cristina R. Cabral
Editora Manatí, 2004.

Crisis de refugiados

Pasaporte al siglo XXI. Las mayorías hambrientas. Los despojados de todo, los poseedores de nada, invaden. El paisaje abandona sus tonos pastel burgués y se tiñe de rojos, amarillos, verdes y azules brillantes. Entrevero de olores y sonidos vibrantes.

Los hambrientos invaden el festín auto invitándose al banquete del otro. Cual bestias voraces se disputan las sobras. Lucha por la sobrevivencia.

Los invitados sienten miedo de que el ambiente se torne peligroso:

“Necesitamos reforzar la seguridad, proteger nuestras familias y garantizar nuestro patrimonio en los bancos” repiten los conservadores.

A los liberales no les gusta ese discurso,

pero temen también salpicarse el vestido

y los guantes blancos.

Todos de una u otra forma buscan ignorar

la odiosa cara de la miseria.

Temor general de ensuciarnos la conciencia,

aquella que nos permite cada noche

irnos a dormir en paz

y entregar cada domingo

una limosna en la Iglesia.

Telaraña: Ecos y sonidos de la Afro Diáspora,
Cristina R. Cabral
Ibukku. LLC, 2018.

Dani Umpi

Dani Umpi

Tacuarembó, 1974

Acción en Twitch

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Dani Umpi divide su tiempo entre la escritura, la performance, la composición y las artes visuales. Su lenguaje personal, cargado de un discurso en el que transforma lo popular en extraordinario, ha construido una extensa y prolífica trayectoria que hoy lo posiciona como una de las figuras claves para entender las disidencias en las artes contemporáneas del Río de la Plata. Dani como artista condensa el espíritu irreverente de una generación que continúa luchando por hacerse espacio y liberarse de cánones y modelos que no se adecúan a los tiempos que corren. Su propuesta visual irrumpe en el escenario contemporáneo como una conjunción de signos y referencias a la cultura popular. Twitch es una plataforma de streaming utilizada en su mayoría por gamers, influencers y músicos para compartir e interactuar con un público diverso y global. Dani propone utilizar ese espacio con fines artísticos y construir, desde allí, una reflexión que atraviese su obra, sus canciones y sus ideas. Todo esto desde un dispositivo relacional de la era del confinamiento.

Olga Guerra

Olga Guerra

Ciudad Juárez, 1990

Cruza la línea, 2018-2019
pegatina sobre muros de espacio público
serigrafía sobre papel
29 x 42 cm (A3)

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Olga Guerra es mexicana. Parece este un dato irrelevante, pero no lo es si entendemos la dimensión política de su obra, atravesada por su propia experiencia. En una reflexión acerca de su trabajo, señala que con él busca explorar la memoria y la producción de símbolos de quienes han vivido en carne propia la violencia de estado, la violencia misógina y la del narcotráfico. Las artes gráficas son un mecanismo histórico de artistas y colectivos para compartir ideas y, particularmente en México, esta tradición se funda en las resistencias que han utilizado extensivamente las técnicas del grabado y serigrafía para producir imágenes. Olga se propone pensar las migraciones y la desgracia sostenida de un mundo que parece no tener tregua con los más desfavorecidos. En su obra, la pesadilla que atraviesa a los migrantes que buscan un lugar para vivir en paz, se transforma en una eterna noche Son miles las personas que han perdido su vida en el afán de poder amanecer en un sitio en donde poder trabajar. La obra que nos presenta busca ampliar el horizonte e invita a pensarnos como parte de un sistema que excluye, segrega y separa. La noche es el momento para pasar desapercibido, es ese tiempo transformador, un lapso en el que, con un poco de suerte, lograremos salir de nuestra cotidianidad y alcanzar otro lugar. Juntos, juntas, en un bote, balsa, arca, o donde quiera que sea.

Marcelo Legrand

Marcelo Legrand

Montevideo, 1961

Eternidad, 2003 - presente
pintura
técnica mixta, 156 x 306cm

Web del artista

Eternidad es el título de una pintura en la que Marcelo Legrand viene trabajando, y seguirá haciéndolo, desde hace más de 16 años. Distinguido como uno de los pintores más importantes del Uruguay, Legrand es creador de un sistema de representación adscrito a una abstracción obsesiva. Un autor de vehemente producción. Un trabajador incansable. En su obra interactúan líneas, manchas y grafismos, que nacen como vectores formantes. La intensidad es parte central de un trabajo con el que busca sintetizar la experiencia del tiempo, a través de una pintura que se despliega y cambia a lo largo de los años...
La pintura se transforma en una metáfora sobre el tiempo, el trabajo, la energía y la naturaleza humana. Tan complejo pero tan sencillo como lo es, en síntesis, el trabajo, si lo reducimos a pintura, tela y la obsesión de un creador por construir una imagen que nos cambie la vida.

-

Ciento cincuenta y seis centímetros de altura por trescientos seis centímetros de base. Técnica mixta. Fechada entre 2004 hasta nuestros días. Título: Eternidad.
Bajo esta austera ficha técnica se inscribe una obra en la que Marcelo Legrand trabaja desde hace casi dos décadas. Cientos o miles de líneas superpuestas cubren el lienzo desde el centro hacia los bordes. Cientos o miles de puntos determinan infinitas posiciones en el espacio. Cientos o miles de finales posibles modificados a diario. Una obra múltiple, en permanente transformación, exhibida al menos una decena de veces en sus diferentes estadios, que, como su título indica, alude a lo que nunca acaba, al tiempo que perdura, sin principio ni fin.

Pablo Uribe, Extracto del catálogo del XXIII Premio Figari: Marcelo Legrand (2019), Museo Figari

ACERCA DE

En la noche es una exposición del Centro de Exposiciones SUBTE - Departamento de Cultura, Intendencia de Montevideo, concebida para la internet, plataformas y redes sociales - Instagram | Facebook | Twitch.

En la noche es una propuesta artística, con reflexividad propia, que existe únicamente en la virtualidad. Una experiencia cultural que propone, a través de textos, música, performances, pintura, dibujo y arte digital, ingresar a una posible noche contemporánea.

En la noche es un estímulo para difundir artistas que nacieron y viven en Montevideo, artistas que nacieron en otro país y que eligieron a Uruguay para establecerse y trabajar, artistas que hace muchos años se fueron del país a buscar otros rumbos, artistas que luchan por causas sociales y políticas, artistas multidisciplinarios y multidisciplinarias , artistas que están comenzando a recorrer su camino profesional, artistas-escritores, artistas de amplia trayectoria que aceptaron ser parte de una experiencia digital.

Proyecto curatorial: Subte
Diseño & Programación: Vrij

Créditos fotográficos:
Crédito Pedro Dalton: Darío Invernizzi
Crédito Virginia Sosa: Andrés Cribari (CdF)
Crédito Marcelo Legrand: Andrea Sellanes
Crédito Analía Sandleris: Eduardo Baldizan
Crédito Sylvia Meyer: María Ines Arrillaga
Crédito Sylvia Meyer: Hernán Gonzalez - Tono Sound Production (digitalización de audio)

Agradecimientos: Centro de Fotografía IM, Unidad de Comunicación de Cultura, Alejandro Gortázar (sujetos.uy), Danilo Astori Sueiro